UNA AVENTURA GELATINOSA por Gonzalo Romero – 10 años

UNA AVENTURA GELATINOSA por Gonzalo Romero – 10 años

Me había despertado super contento, era mi primer día de vacaciones.

- José ¿te has lavado los dientes y recogido tu habitación?- me preguntó mi madre.

- Sí mamá, contesté. ¿Puedo salir a jugar?

Hacía un tiempo estupendo, me calcé las zapatillas de deporte, cogí la pelota y salí al jardín.

Mientras practicaba mis pases favoritos de  fútbol, un ruido estruendoso hizo que me diera la vuelta rápidamente. Sorprendido, vi  cómo un pequeño trozo de meteorito iba a caer… ¡justo encima de mí!

Nunca había dado un salto tan grande, menos mal que caí en el césped mullidito y no en las piedras. ¡Qué meteorito más raro! Era una bola de chatarra humeante. Parecía que algo se movía, ¡¿una bola de chatarra humeante, con puerta? ¡Increíble!

Estaba sorprendido, pero no asustado. Mi papá construía las naves espaciales “VG” que significaba Víctor García (las más solicitadas por los habitantes  de Rivas Vaciamadrid) para realizar expediciones  interplanetarias, premio2012 ala mejor nave del año.

Permanecí quieto y en silencio, observé cómo se deslizaba una compuerta y salía un ser menudo, como yo, con una extraña antena en la cabeza. Comprendí que era un extraterrestre. Intenté hablar con él. 

-¡Hola! ¿Cómo te llamas?  - le pregunté. Yo soy José.

- Blin blin… Yo  me llamo Estrellito, contestó.                            

¡Qué raro! no movió la boca pero, por alguna extraña razón, teníamos una conexión mental. Me explicó que estaba en su planeta, en el parque de atracciones, que se subió a la noria “Velocidad de la luz” y de repente estaba viajando por el espacio, sin saber cómo ni  dónde  aterrizaría.

Y cayó en mi jardín. ¡Qué emocionante se presentaba la mañana!

Después de hablar unas cuantas horas fuimos a la fábrica de mi padre para decirle si me dejaba una nave “VG” y poder llevar de vuelta a Estrellito a su planeta.

Cuando llegamos, mi padre estaba ocupado y no le podíamos interrumpir, así que decidí enseñarle  las naves espaciales a mi nuevo amigo.

- ¿Podemos ver la nave que ganó el premio 2012?- me preguntó Estrellito.

- Sí – dije yo -  y le llevé hasta ella.

Estrellito me preguntó otra vez: ¿podemos entrar en la nave? Me gustaría mucho verla por dentro.

-      ¡Venga, vale! – exclamé.

Una vez dentro le dije: “No toques nada”, que era lo que mi padre me decía siempre a mí.

Pero… ya era tarde, un brillante botón rojo había llamado la atención de Estrellito. Sin saber cómo la nave había despegado y estábamos en el espacio, sin rumbo.

Pasaron las horas y caímos en un profundo sueño. Cuando nos despertamos vimos a través de la ventana de la nave un enorme planeta que parecía de gelatina verde. Nos entró hambre y salimos con el vehículo de exploración a comernos la gelatina.

De repente nuestro vehículo se hundió en la gelatina, nos precipitamos  a través de ella  hasta llegar a una enorme burbuja de aire en la que flotaba una ciudad.

Naves volando por el aire, puentes entre torres altísimas….

Nos quedamos asombrados  ¡Aquella ciudad se parecía a una peli del futuro!

Y…. nosotros estábamos allí.  ¡¡Cómo mola!!

Mientras la mirábamos nos absorbió un platillo volante. Unos hombrecillos verdes  nos llevaron a  una mesa donde había dos riquísimas gelatinas servidas, ¡en un plato de chocolate!

Nos encantó la gelatina.

Aquí está la gelatina:    

Después del rico postre les preguntamos cómo podíamos ir cada uno a nuestro  planeta y les pedimos, como yo me había traído la cámara de fotos, que nos hicieran una foto de recuerdo.

Claro está que nos la hicieron y nos dijeron que para llegar cada uno a nuestra casa teníamos que atravesar el oscuro bosque tenebroso y después escalar hasta la cima de la montaña más alta.

-      Dentro de unos minutos llegaremos al bosque – dijo el marciano más gelatinoso.

-      ¿Estáis listos? – dijo el marciano menos gelatinoso.

-      ¡Sííííí…! – contestamos Estrellito y yo a la vez.

-      Vamos a aterrizar. Agarraos fuerte a la cuerda, no os caigáis. Cuando cuente tres, saltad por esa puerta agarrados a la cuerda.

Cuando menos nos lo esperábamos nos vimos bajando por la cuerda.

Una vez en tierra nos encontramos en medio de un bosque sombrío y tenebroso. Podía haber todo tipo de animales salvajes. Y así fue.

Nos atacaron tres especies de animales salvajes y tuvimos que unirnos para derrotarlas. Estaban hambrientas, pero sabía que con un poco de alimento se les pasaría. Me acordé de mi visita al centro de educación medio ambiental de Rivas Vaciamadrid. También  sabía que Estrellito podía pensar en un objeto y que apareciera al instante, así que le dije que confiara en mí y les lanzara la comida que yo le dijera:

-      ¡Cuidado con los pájaros, dales gusanos! ¡Por ahí vienen ranas gigantes, creo que tienes que lanzarles insectos! ¡Rápido, detrás de ti hay cuervos negros, dales puñados de semillas para comer! – grité sin descanso.

Estrellito lo hizo todo perfecto. Poco a poco atravesamos el bosque y encontramos la montaña más alta. Pero escalamos muy fácilmente hasta la cima porque tenía escalones. Una vez arriba vimos una máquina con muchos botones. Tenían razón, había muchos nombres de planetas escritos, y pronto encontramos el nuestro. Después escribimos la ciudad y el nombre de mi urbanización.

Llegó el momento de la despedida. Nos habíamos hecho buenos amigos, pero teníamos que pulsar botones distintos para nuestros destinos. Chocamos las manos con nuestro saludo especial y pulsamos cada uno su botón correspondiente. Desaparecimos de pies a cabeza y aparecimos en nuestras casas.

Cuando di el primer paso sonó el despertador:

-      ¡Pi pi pi pi, pi pi pi pi !

¡Todo había sido un sueño! Lo raro es que encontré un trozo de gelatina en mi mesilla con la foto que nos hicimos Estrellito y yo de recuerdo en el platillo volante. ¿Volveré algún día o en algún otro sueño a ver a mi amigo alienígena? Debería comerme esa gelatina para saborear el final de mi gelatinosa aventura.

F I N

 


men�ame meneame

5 comments on “UNA AVENTURA GELATINOSA por Gonzalo Romero – 10 años

  1. Hasta de un cuento escrito por un niño, siempre podemos encontrar algo que aprender.
    Muchas veces soñamos, y no nos damos cuenta al despertar, que tenemos junto a nosotros un pedacito de sueño.
    Aprendamos a comernos esa gelatina como nuestro heroe del cuento, y nuestra mesilla se nos llenará de fotos con nuestros sueños hechos realidad.
    Enhorabuena a milesdetextos por esta iniciativa.

  2. Eva on said:

    Me ha gustado mucho y los dibjujos también, por favor cuentame mas cuentos que me divierto mucho.
    Jorge 5 ańos

  3. Marta on said:

    ¡Qué chulada de cuento! Yo también quiero conocer a Estrellito. ¿Me lo presentarías en otro cuento? Me llamo Marta.

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