Posts Tagged "sueños"

Personas que inspiran

Personas que inspiran

 

Muchas personas se cruzan en nuestras vidas dejando un recuerdo imborrable que nos ilumina,  nos ofrece recursos o nos hace mejores. La mayoría de las veces ni siquiera son conscientes de lo inspiradoras que fueron.

Hoy os voy a contar una historia que me ayudó a la hora de orientar profesionalmente a mis hijos.

 

Se va acercando la primavera y con ella el momento en que los chavales tienen que hacer sus matrículas para el año que viene o, si son mayores, elegir sus carreras.

Siempre me ha parecido uno de los instantes de la vida en que nos cerramos más puertas. Al elegir un camino, solemos olvidar otros que estaban abiertos y que nos atraían tanto o más que ese. Por poner un ejemplo: decidir que se desea ser ingeniero y posponer, o aparcar, la pasión por el dibujo.

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Cuando mi hijo mayor era niño decía que quería ser músico y médico. Sobre ese recuerdo han caído muchas hojas de calendario porque ahora es un hombre nada interesado en la medicina.

Ayer fue su cumpleaños e hice un repaso de muchos días especiales. Me ha “dado la vida” más veces él a mí que yo a él, sin duda.

Cuando regresé mentalmente a su infancia, recordé especialmente una noche. Me despedía y le pedía que se durmiese.

Me contestó que no podía, que estaba preocupado. Me contó el motivo:

– El tío Guillermo dice que no voy a poder ser músico y médico. Dice que tengo que elegir. Y yo no quiero.

Estaba realmente angustiado. Al parecer la conversación había sido muy larga y nuestro pragmático familiar se había esforzado mucho en convencer a Luis de que debía renunciar a uno de sus dos sueños. Según le explicó: “en la vida había que optar”, “poner todos los huevos en la misma cesta”, “especializarse”…

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Entonces me acordé de una músico que conozco (perdonadme mi elección de no feminizar las carreras, me parece mucho más integrador usar dos sexos en las frases y huyo como de la quema de los “todos/todas” y los “miembros/miembras, jajaja” ;-) ).

Tranquilicé a mi hijo y le pedí que no consintiese que nadie le dijera lo que podía o no podía hacer. Le animé a perseguir todos sus sueños y a luchar con todas sus fuerzas hasta conseguirlos.

Si finalmente no alcanzaba sus metas habría aprendido infinidad de cosas por el camino que, con un poco de suerte, le orientarían de modos aún más provechosos. Decidí contarle una historia de una persona que había sido muy inspiradora para mí. Sé su nombre y podría dároslo, pero no me decido a hacerlo, lo mismo no le gusta. Por si acaso, os contaré solo que estudiaba una carrera universitaria de ciencias al mismo tiempo que hacía su carrera de música. Obviamente esto suponía un esfuerzo económico y personal muy grande.

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El día que la conocí, de forma fugaz, me contó que para ahorrarse desplazamientos aprovechaba cualquier momento para tocar y estudiar. Empezó a ensayar y estudiar en los ratos libres, estuviese donde estuviese. Llegó el día en que tocó por primera vez en la calle, tras tomar un café en una terraza. Para su sorpresa los viandantes se detenían, se quedaban a escucharla y le dejaban algo de dinero sobre la mesa. No iba a explicarles que ella no era una músico de la calle, que simplemente estaba estudiando porque tenía que rentabilizar su tiempo.

Cuando vio que aquello se repetía al día siguiente, empezó a plantearse seriamente la posibilidad de ofrecer  esos conciertos/estudio “de forma profesional”. En sus tiempos entre clases se decidió a montar esos ratos de ensayo vestida de largo e interpretando las piezas de principio a fin, como en un concierto.

Con el paso de los días, la gente acudía a las terrazas cercanas a las horas en que estaría tocando y asistía a sus extraños espectáculos de calle. El ayuntamiento terminó por regularizar su actividad otorgándole un permiso específico.

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Ni que decir tiene que terminó sus dos carreras. Además se hizo empresaria. Con el dinero que sacaba grabó su primer disco que también vendía en la calle y montó un grupo que en la actualidad da conciertos por el mundo.

– Seguro que mucha gente le dijo que no podría conseguirlo. Ella simplemente no les creyó –le aseguré a mi hijo.

Ahora Luis estudia Derecho en la Carlos III y Clave en el Conservatorio Superior de Madrid. Compagina sus dos carreras y no sé aún qué camino elegirá el día de mañana. Esa músico de la que os hablo no sabe la ayuda que me prestó aquella noche, la de veces que me acuerdo de ella. No sabe ni mi nombre.

Me gusta pensar que cuando recordamos así a alguien eso del Karma, que no sé muy bien qué es, le concede algún rédito y les “acumula puntos”. ¿Qué opináis vosotros?

Yo, desde este blog, le rindo un homenaje hoy y le doy las gracias. A ella… y a todas esas personas inspiradoras con las que comparto los días.

Obviamente, los que leáis este post, y conozcáis la historia, o a la músico de la que hablo, ya sabéis que su instrumento no es el violín ;-)

 

 

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Los deseos – La cuentacuentos

Los deseos – La cuentacuentos

Si comprender lo que pensamos, lo que sentimos y  lo que deseamos en ocasiones es difícil…  comunicarlo, o saber expresarlo, lo es más aún. Nuestros hijos reciben una lección cada vez que nos ven hacerlo con sinceridad.

-          Ten cuidado con lo que deseas – solía decir mi abuelo – Igual se convierte en realidad.

 

En mi infancia, durante una excursión por la sierra, vi una casita de piedra preciosa. Tenía el tejado a dos aguas y era… como de cuento.

-          ¡Algún día tendré una casa así! – le aseguré a mi madre.

Y poco me importó que ella tratase de explicarme que casas tan antiguas hay muy pocas, que suelen ser muy caras y que no era necesario tener una casa tan grande.

Los años pasaron y por casualidades del destino… tengo una casa como la que me enamoró de pequeña.

Para diversión de mi abuelo (porque estoy convencida de que los seres queridos siguen a nuestro lado) me quejo constantemente cuando se rompe algo, la casa está fría o tengo que limpiar tantos metros cuadrados. Por fin comprendí completamente el sentido de aquella frase guasona.

Está en nuestras manos conseguir que los niños comprendan la magia de tener ilusiones.

Los sueños y los deseos tienen el poder de transformar un día gris en uno soleado, de cambiarnos el humor e inyectarnos energía. Y toda esa magia no se crea sólo cuando se consigue un objetivo, sino también cuando se tiene una meta que apetece y por la que se lucha.

Perseguir deseos ayuda a desarrollar nuestra tenacidad y paciencia, a confiar en nuestras capacidades y, cuando no logramos el objetivo, aumenta a la fuerza ;-) la tolerancia ante la frustración.

Cuanto más cuesta algo, más se disfruta de ello y más se valora.

Es importante enseñar a los niños a disfrutar de las esperanzas, también de aquellas que no se cumplieron, porque nos ayudaron a soñar y nos llenaron de ilusión, voluntad y arrojo,  ingredientes imprescindibles en cualquier receta de felicidad.

Esta “Moraleja para adultos” es una reflexión sobre educación asociada a un cuento. Siguiendo este enlace: “Cuentos para niños”, podéis encontrar el texto. En este otro:  “Reflexionemos juntos” encontraréis una preguntas para trabajar el tema con ellos.

 

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LOS SUEÑOS DE JAN

LOS SUEÑOS DE JAN

 

Ayer fue el cumpleaños de Jan. Cumplía nueve años y su madre quería hacerle un regalo diferente.

Soñaba con un cuento que le ayudase a comprender que acaba de empezar un nuevo curso lleno de posibilidades en el que estaba segura de que iba a ser muy feliz.

Los Sueños de Jan

Jan es muy especial. Desde que sólo era un bebé es un niño sociable, inteligente y cariñoso, con una mirada mágica. Es simpático y tiene un fantástico sentido del humor.

Su madre y todos los que le conocen saben que Jan puede llegar donde se proponga y conseguir todas sus metas.

El mejor espejo en el que mirarnos son los ojos de los demás. Muchas veces encontramos la confianza que necesitamos para acometer una tarea… en la fe que otros depositan en nuestras capacidades. La mamá de Jan quería un cuento en el que su hijo pudiera verse como realmente es: valiente, honesto y justo, siempre dispuesto a ayudar al que lo necesita. Porque Jan… ¡es un tesoro!

Para él tuvimos la suerte de escribir e ilustrar “Los sueños de Jan”

¡Felicidades, Jan!

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Paciencia… paciencia

Paciencia… paciencia

La paciencia es una virtud fundamental para la felicidad; una cualidad de la personalidad que está muy relacionada con la fortaleza y la constancia, pero también con el autocontrol.

Una de las lecciones más difíciles de impartir es la de “Cómo conseguir ser más pacientes”: “Nuestros hijos suelen hacer lo que hacemos, no lo que les decimos que deben hacer”.

En la vorágine del día a día… es muy difícil ser pacientes y enseñarles a serlo. Tenemos que procurar no perder los nervios delante de los niños.

Es fundamental enseñarles que, aunque la vida no siempre se puede planificar, hay que luchar por nuestros sueños y tener fe en que, con esfuerzo y paciencia, la mayoría de las veces podemos alcanzar nuestros ideales.

Los niños tienen cierta dificultad para valorar correctamente las metas lejanas. Sus objetivos, y premios o recompensas, deben ser cercanos para que  perseveren en el esfuerzo. Esperar no les resulta fácil. ¿Os acordáis cuando éramos niños? El tiempo iba muuuuuucho más despacio ;-)  

A la hora de hablarles sobre constancia, esfuerzo y paciencia, ayuda describir los objetivos a cumplir como si fueran destinos de un viaje. Los niños no entienden por qué no pueden conseguir aquello que desean… en el acto. Poco a poco aprenderán a ser más pacientes.

Acostumbrarles a esforzarse para conseguir lo que buscan y prepararles para soportar mejor las frustraciones enseñándoles a tolerar algunos retrasos… les ayudará a valorar el tiempo con una visión objetiva sobre cómo es la vida.

A partir de los dos o tres años los niños pueden ir aprendiendo a tener algo de paciencia. Estas son algunas de las cosas que podemos hacer para fomentar esa virtud:

- Predicar con nuestro ejemplo. Debemos enseñarles a ser pacientes… ¡siéndolo! ;o)

Tratemos de ser especialmente pacientes con sus limitaciones. La mejor manera de fomentar su autonomía es demostrarles que confiamos en sus capacidades.

- No les hagamos esperar cuando no sea necesario y tratemos de evitar que esas esperas sean muy largas. Es útil trabajar con ellos su capacidad para tolerar pequeñas demoras y utilizarlas para explicarles que el deseo de conseguir las cosas hace que las disfrutemos más.

- No debemos ceder cuando piden las cosas de mala manera, ni ante rabietas. Una forma de ejercitar su paciencia es obligarles a pedir las cosas educadamente, a no interrumpir nuestras conversaciones cuando nos quieren pedir algo, etc.

- Es fundamental cumplir nuestras promesas. Aunque también es importante que los niños comprendan que en ocasiones, aunque esperes y seas paciente, las cosas no siempre salen y resultan como a nosotros nos gustaría. Si les decimos que al día siguiente iremos a la playa… y  ellos esperan pacientemente pero al día siguiente amanece un día frío y lluvioso… y no podemos ir… ¡nos dirán que les hemos mentido! Es interesante acostumbrarnos a hablar en términos de probabilidad: “Mañana, si podemos y hace bueno, iremos a la playa”.

- Para que nuestros hijos esperen cuando les pidamos que lo hagan… tenemos que explicarles el por qué de esa espera y demostrarles que cuando son pacientes obtienen aquello que desean.

- Hay muchos juegos para ejercitar la paciencia de los niños: todas las actividades que requieran esperar turnos o aquellas que se puedan llevar a cabo en varios días, por ejemplo puzzles, construcciones, legos… que se puedan empezar hoy pero haya que esperar a terminarlos mañana; buscar juegos con diferentes niveles de dificultad, para que ellos vayan superando fases y viendo su progreso.

Es importante no permitir que abandonen una actividad o juego porque no les salga a la primera. Hemos de estimularles a seguir intentándolo, a no desistir, y reforzar la actitud cuando han conseguido la meta. 

Los juegos también nos pueden ayudar a entretenerles mientras esperan.

El tiempo corre mucho más rápido cuando les hacemos caso ;-)

Esta “Moraleja para adultos” es una reflexión sobre educación asociada a un cuento. En “Cuentos para niños” podemos encontrar el texto sobre el que trabajar con nuestros hijos para estimular su aprendizaje de inteligencia emocional.

En “Reflexionamos juntos” unas preguntas, relativas al cuento, para ayudar a los niños a profundizar en él según su propia experiencia.

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