Posts Tagged "Niños"

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Enciende la Navidad con PANGEA

Enciende la Navidad con PANGEA

 

En nuestro cuento “Descubro la Navidad” describimos la escena de un niño que ve por primera vez las luces de Navidad que adornan su ciudad. Las observa boquiabierto. Es una experiencia inolvidable.

 

 

 

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En casa todos los años hacemos una ruta en el coche viendo el alumbrado de las calles pero este año gracias a PANGEA vamos a mejorar el plan.

El día 16 de diciembre a las 19.00horas organizan una degustación de chocolate y roscón en su tienda PANGEA  de Príncipe de Vergara 26  y a continuación una ruta en un autobús navideño para observar las preciosas luces y adornos de la ciudad. Recorrerán  las céntricas calles de la capital:

 

Goya, Serrano, Puerta de Alcalá, Plaza de Cibeles, Gran Vía, Callao…  

La actividad completa tiene una duración de unas 3 horas y habrá sorpresas, villancicos y sobre todo mucho espíritu navideño!

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Es un plan perfecto para niños y mayores. Podéis informaros de todo y reservar vuestra plaza AQUÍ

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¡Qué asco de sándwich!

¡Qué asco de sándwich!

 

Como ya os dije hace días, me he propuesto buscar cuentos que interesen a mi hijo. De momento he seguido con su temática preferida sobre “marranadas” y asquerosidades varias. Hoy os recomiendo la lectura de “Qué asco de sándwich” de Ediciones Jaguar, escrito por Gareth Edwards e ilustrado por Hannah Shaw. Ideal desde los 4 años.

Portada- qué asco de sandwich

Una divertida historia de un tejón que desea comerse un rico sándwich. Por una serie de accidentes fortuitos se va complicando esa, en principio, sencilla tarea. Cada una de esas adversidades que le suceden al dichoso bocadillo… es aún más asquerosa que la anterior.

 

Una de las cosas que más me sorprendió al leérselo al peque fue la capacidad que tuvo de recordar absolutamente todo lo que le pasa al sándwich. Al ser un cuento acumulativo favorece y despierta asombrosamente su memoria.

 

Cuando terminamos de leerlo nos pusimos a dibujar el sándwich en un papel, no olvidó ni un solo detalle: la arena, el pringue verde, las hormigas,  las plumas, las marcas del patinete…

dibujo sandwich

Entre carcajadas me repetía una y otra vez: “¡Es asqueroso!”  ;-)

 

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Cómo preparar a un niño para un examen: La imaginación al servicio de la memoria

Cómo preparar a un niño para un examen: La imaginación al servicio de la memoria

Cuando mis amigas se quejan de que sus hijos tienen problemas con las notas, suelo ofrecerme para echarles un cable (exceptuando si se trata de matemáticas, que se me atragantaron toda la vida).

Si un niño empieza a tener problemas con alguna asignatura conviene probar un cambio completo en la forma de estudiar, de enfrentarse con esa materia.

 

“Ser previsores” no está entre las cualidades de niños y adolescentes. Y los padres estamos tan liados que solemos darnos cuenta de sus “dificultades”  el día antes de un examen (porque les vemos muy agobiados), o el día después de recoger las notas (porque, entonces, nosotros también estamos muy agobiados ;-) ). Y estos son dos momentos en que es difícil acercarse a las asignaturas un poco “hueso” con tranquilidad y con sentido del humor, dos herramientas de éxito.

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Lo primero que pido antes de echar una mano a un estudiante es que sean ellos quienes soliciten la ayuda y me lo pidan directamente de forma expresa. Es fundamental que recaiga en ellos parte de la responsabilidad de buscar una solución a sus problemas. Y les advierto de que es un esfuerzo para mí que no me reporta ningún beneficio y que tienen que comprometerse a no quejarse, ni tirar la toalla, hasta que su examen esté preparado.

Nunca he necesitado más de una tarde y todos los niños a los que he ayudado han sacado una calificación igual o superior a 8.

El procedimiento es sencillo: Les pido que me cuenten lo que les parece esa asignatura, el profesor, qué piensan de su capacidad, dónde creen que tienen más problemas y qué les gusta. Me da igual que sea un detalle sin importancia, pero trato de terminar ese listado con algo positivo antes de ponerme a leer con ellos los temas que entrarán en el próximo examen.

No pretendo recuperar una asignatura entera. Mi intención es que aprueben con una buena nota. Si abordase una tarea excesivamente complicada, o pretendiese buscar todas sus lagunas, no conseguiría mi objetivo: demostrarles que pueden aprobar si optimizan sus esfuerzos. Una vez acabe esa tarde de estudio deberán enfrentarse nuevamente con la asignatura, pero lo harán desde la perspectiva del ganador y sabiendo que pueden lograrlo.

Me produce especial satisfacción ayudar a niños con dislexia y asomarme a su imaginación. Siempre me sorprenden su capacidades. Cuando están bien dirigidas, y se sienten seguros, sus asociaciones mentales son originales y divertidas.

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Tengo mucha suerte: Mis hijos son buenos estudiantes. Pero cuando alguien me ha visto cómo les enseñaba a memorizar se quedaba de una pieza. Utilizo cualquier recurso a mi alcance para ayudarles a recordar los conceptos con facilidad. Estas son algunas ideas que os pueden ayudar:

-          Tras la primera lectura empezamos una más detallada en la que subrayamos y resumimos mientras preparamos un esquema con los conceptos que van dominando gracias a las reglas mnemotécnicas.

-          Les enseño a hacer mapas mentales. Les hago recordar aspectos visuales de los textos, dónde están colocados, bromeo sobre las fotos que aclaran el tema, divido los mapas en cuadrantes… Todo vale para que tengan una imagen mental de aquello que deben recordar.

-          Invento historias que contienen las palabras claves que tienen que fijar. Intento que sean de lo más rocambolescas. Cuanto más rara o con palabras más chocantes, mejor las recordarán. Con frecuencia utilizo palabras o trozos de palabras que deben estudiar en construcciones gramaticales que les sorprenden, e incluso revuelven. Cuanto más relacionadas con su vida y afectos… mejor: nombres de sus amigos, de su perro, el día de su cumpleaños, la edad de su hermano.

-          Sustituyo palabras complejas por otras parecidas y más sencillas, o uso acrónimos (construyo palabras o frases con la primera letra, e incluso la primera sílaba, de cada palabra a memorizar).

-          Las rimas son muy útiles y las canciones también, aunque os reconozco que  no suelo usarlas. Tardo demasiado tiempo en diseñar este tipo de trucos y prefiero tirar de frases rápidas y muy chocantes que los niños me ayudan a construir. Os aseguro que lo pasan pipa diciendo tonterías y aprendiendo a diseñar sus propias estrategias.

-          Para recordar los números suelo usar cumpleaños, edades, número de bollos que me quiero comer… e intento relacionar los números con los afectos. Será porque es lo que yo manejo peor y, a mí, otros sistemas más racionales no me funcionan.

-          Les enseño a trocear la información, y a relacionarla, y establezco asociaciones entre los conceptos.

Mis hijos jamás olvidarán que la capital de Macedonia es Skopje y yo… tampoco.

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“Cuando te ofrezcan fruta… escopge la macedonia” –les dije una vez. Nos reímos mucho y no nos olvidamos ninguno de los tres.

Como disléxica que soy, me encanta constatar que la mejor manera de sacar buenas notas para un examen puntual consiste en… ¡poner la imaginación al servicio de la memoria!

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Mamá, ¿te quieres casar conmigo?

Mamá, ¿te quieres casar conmigo?

Esta mañana, camino del colegio, Javi me ha hecho un par de preguntas que me han dejado loca ;-)

Íbamos de la mano. Nos aproximábamos a la puerta del cole:

-          Mami, ¿nos casamos? –me preguntó sin venir a cuento.

-          ¿Tú y yo? –contesté noqueada.

-          Sí –me dijo convencidísimo.

-          Verás… Las mamás no se casan con sus hijos, ¿sabes? –Intenté salir como pude de aquella.

-          ¿Y con Hugo? ¿Puedo casarme con Hugo?

-          Pues… Si quieres… Si quisieras hacer eso, podrías casarte con Hugo –Estaba perpleja–. Pero lo más habitual es casarse con una niña. Luego así, ella será una mamá y tú un papá.

 

Que inspiradora esta imagen de www.viaboda.com

Que inspiradora esta imagen de www.viaboda.com

Aquella respuesta puso fin a su curiosidad. Su interés había desaparecido de pronto.Como si la conversación que tanto me había sorprendido no hubiese existido nunca, cambió bruscamente de tema:

-          ¡Cuántos coches!

Y con esa frase me dio el tema por zanjado.

La mayoría de las veces que nuestros hijos nos preguntan algo, contestamos sin entender bien qué esconde realmente su pregunta. Cuando llegué a casa, estuve dándole vueltas a por qué me habría preguntado aquello y qué significaba.

 

Me he tenido que sacudir todos mis prejuicios de adulta para comprender que mi hijo me estaba preguntando sobre el amor. Los niños nos piden ayuda constantemente para entender sus sentimientos, para poner etiquetas a lo que sienten. Si, por ejemplo, cuando están enfadaos les reconocemos el sentimiento, les estamos ayudando. Con nuestra frase “Comprendo que estás enfadado, Javi, pero no se puede pegar patadas a los juguetes” les ayudamos a entender sus emociones y ese es el primer paso para manejarlas y controlarlas.

Poco a poco tengo que ir ayudándole a entender lo que siente y, también, las miles de formas distintas que adopta el amor y sus expresiones: el amor propio (aprender a aceptarse y cuidarse), el amor altruista hacia los demás, el amor filial (ese amor que sintió al caminar de mi mano) y el fraternal (hacia sus abuelos, sus primitos…) pero también sobre la amistad y el amor de pareja. Aún está lejos el día en que tenga que explicarle este último y hablarle de los amores platónicos, los sexuales, o de las tristezas que provocan los amores no correspondidos ;-)

De momento, voy a apuntar en mi calendario particular de recuerdos imborrables el día de hoy: El día que Javi reconoció el amor como un sentimiento muy grande que merecía un compromiso… ¡de boda!

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