Posts Tagged "cuentos educativos"

Doña Eremita sobre ruedas

Doña Eremita sobre ruedas

“Doña Eremita sobre ruedas” es otro título interesante recomendado en la página de la Fundación Mapfre www.niñosyseguridadvial.com, éste cuento de Ediciones Ekaré.

La protagonista, Doña Eremita, pasea en bicicleta junto a su perro Mambrú. Pronto descubre que puede mejorar su vehículo con una buena bocina sonora, un sillín para su perro o un paraguas…

Poco a poco, va buscando una solución para cada necesidad que descubre y convirtiendo su bicicleta en un “todoterreno” de lo más ocurrente.

Una historia llena de creatividad y humor, de Quentin Blake, uno de los más reconocidos autores e ilustradores de libros para niños.

Os enlazamos unas páginas del texto para que os animéis a salir para comprarlo.

Pincha en la imagen. Avion leer con fondoTe llevaremos sobre nuestro avión… ¡de papel!!

 

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El aprendiz de mago

El aprendiz de mago

Desde que era muy, muy, muy pequeño Jorge deseaba ser mago.  La primera palabra compleja que aprendió a decir fue “Abracadabra”, y con cualquier trapo de la casa se fabricaba una capa. De modo que, cuando cumplió once años, sus padres decidieron hacer realidad sus sueños y le dejaron partir en busca del mago Colás.

El viaje fue muy incómodo, lento y tedioso; y pasó mucho frío en un carro tirado por mulas. Pero nada más llegar al castillo del mago se le olvidaron las penurias que había pasado y, deslumbrado, recorrió todas las dependencias siguiéndole.

Las paredes de las habitaciones estaban cubiertas de estanterías repletas de libros de magia.  

Jorge estaba deseando empezar con sus clases y así se lo dijo al mago Colás:

-          Yo sólo quiero ser mago.

El anciano, sin contestar, se acarició la larguísima barba blanca y sonrió.

-          Quiero empezar con las clases – insistió Jorge.

-          Lo comprendo – contestó el mago Colás después de una larga pausa  – Pero todavía no sé si vas a ser alumno mío. Es algo que debo pensar detenidamente.

-          ¿Cómo? – se enfadó Jorge – ¡He hecho un viaje larguísimo!

-          Así es – corroboró el mago sin inmutarse.

Y con la mano le indicó un largo pasillo.

Al final del recorrido entraron en la cocina más desordenada que Jorge había visto nunca.

Los platos con verduras y frutas contenían también piedras, uñas de dragón, hierbas y hongos;  y un montón de cosas más que Jorge no identificaba, como tarros de cristal con extraños brebajes, pergaminos antiguos con lazos de terciopelo, una marmita burbujeante y huevos de diferentes tamaños y colores, alguno casi tan grande como su cabeza…, y el caos reinaba también sobre sartenes y cacerolas.

-          Mira – dijo el mago con voz profunda  – “Flaster  cuchara  blendarium  burdas”.

Y, al momento de pronunciar esa frase extraña, una cuchara pareció tomar vida y voló por encima de la cabeza de Jorge hasta un cajón abierto para guardarse en él y cerrarse cuidadosamente.

-          ¿Te das cuenta? – le preguntó el mago.

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El aprendiz de mago – Esfuerzo y éxito

El aprendiz de mago – Esfuerzo y éxito

Es importante analizar qué concepto de éxito trasmitimos a nuestros hijos. Cada uno de nosotros tiene una idea, más o menos definida, del significado que tiene la palabra triunfo: seguridad económica, reconocimiento social, alcanzar la fama, la realización en el mundo profesional, ser buena persona, conseguir un ideal o ser coherente con la propia concepción del mundo… Pero no podemos perder de vista que los niños no son adultos en miniatura, no tienen nuestros mismos intereses y expectativas, y pueden valorar sus ilusiones y capacidades también de una forma muy diferente a la nuestra. En primer lugar, porque no tenemos la misma percepción del tiempo. Sus metas suelen centrarse sobre logros a corto plazo. La semana que viene les parece tan lejana como a nosotros el próximo año. Sus recompensas, por tanto, deben estar muy cerca, temporalmente hablando, de sus objetivos. Es muy raro que un niño quiera estudiar mucho para llegar a ser un buen profesional, tener una posición desahogada o conseguir un Nobel. Sin embargo su experiencia sobre lo que es “el éxito” y cómo se consigue se fragua en la infancia y marcará su desarrollo tanto personal como académico.

Generalmente, los niños que cumplen con sus obligaciones, y ese hecho se les reconoce  a menudo, suelen desarrollar la capacidad de enfrentarse con tenacidad con las dificultades y suelen ver cumplidos sus objetivos.

 ¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos?

 1.- Animarles a hablar sobre sus sueños o intereses, sin quitarles ilusión ni desmotivarles. Todos los niños pasan épocas  en las que desean ser, por ejemplo, astronautas, bomberos, actores o trapecistas. Cualquier sueño por absurdo que sea se debe compartir; utilizando sus inquietudes para incentivar el aprendizaje y construir su autoestima. Que quiere ser astronauta… ¡Pues regalémosle libros sobre el espacio y los planetas! Si esos intereses infantiles, que suelen ser pasajeros, están bien dirigidos pueden enriquecer muchísimo su cultura general.  

 2.- Ante su miedo al fracaso y sus pensamientos negativos, nuestra primera frase debe ser esta pregunta: ¿Quién dice que no eres capaz de conseguirlo? Para inmediatamente asegurarles que casi todo se puede alcanzar con confianza y esfuerzo, y que los límites sólo se conocen cuando se intentan las cosas con todas nuestras fuerzas. Porque las limitaciones dependen en gran medida de los sacrificios que estemos dispuestos a hacer para obtener resultados.

 3.- Ofrecerles posibilidades para el aprendizaje, tantas como estén a nuestra disposición. Cualquiera de nuestras aficiones puede ser una magnífica ocasión: deportes, conciertos, museos… Les excluimos de muchas de nuestras actividades por miedo a que se aburran; pero si actuamos así les cerramos las puertas a mundos que pueden interesarles. El consejo es: experimentemos. Aquella actividad que no guste… no se repetirá; pero, en principio, no desechemos nada por ser nuevo sin probar antes.

 4.-Enseñarles técnicas de decisión con las que valorar adecuadamente las consecuencias de sus actos (positivas y negativas) y cómo resolver los problemas.

  5.- Subrayar la importancia de la constancia y el esfuerzo. Ambas cualidades se educan. Ante las tareas tediosas debemos evitar resaltar su descontento e impaciencia y, cuando veamos que están a punto de tirar la toalla,  seamos pacientes porque usualmente todo lo que necesitan es escuchar un simple y tranquilo (aunque a veces difícil de ofrecer): “Yo te ayudo”.

La diferencia entre un fracaso y un éxito radica en la lectura que seamos capaces de hacer de los hechos. A veces, se aprende más de los primeros que de los segundos… y deben entenderlo así.

Esta “Moraleja para adultos” es una reflexión sobre educación asociada a un cuento. En “Cuentos para niños” podemos encontrar el texto sobre el que trabajar con nuestros hijos para estimular su aprendizaje de inteligencia emocional. Pincha aquí.

En “Reflexionamos juntos” unas preguntas, relativas al cuento, para ayudar a los niños a profundizar en él según su propia experiencia: Pincha aquí

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El rey “Chocolate”

El rey “Chocolate”

 

Aunque estemos buscando un “papá-editor” para algunos proyectos, ya se pueden adquirir en soporte papel o en formato digital.            Isabel Osma y yo hemos hecho una pequeña tirada y, mientras aparece nuestra “media naranja”…  estamos encantadas de poder ofreceros estos cuentos.

 

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La casa del árbol

La casa del árbol

Pablo había sido muy feliz hasta que empezó el colegio. Tenía muchos amigos en la guardería y siempre estaba contento.

Pero el primer día en la nueva escuela, al salir al recreo, discutió con unos compañeros por los juguetes de los areneros, y se peleó con un niño un poco mayor. Querían hacer un recorrido para lanzar canicas y le quitaron las palas.

 

Pablo no supo qué hacer o cómo reaccionar. Decidió apartarse. Se sentó con los brazos cruzados y no quiso jugar más.

A las 12 su profesora sacó al patio unos balones. Iban a jugar al fútbol.

Pero el niño que le molestó iba a hacer los equipos y Pablo no participó.

Así, día a día, Pablo se fue aislando. Sin darse cuenta dejó de jugar; y al final ningún niño quería estar con él. Siempre parecía enfadado.

Ni siquiera él mismo entendía por qué contestaba mal a todo el mundo. Simplemente no podía evitarlo. Deseaba estar solo. Se hubiese construido una casa muy alejada, en las montañas, encima de un árbol; un lugar en el que no hubiese niños ni colegios, ni patios, ni deportes… Un lugar en que se sintiese seguro.

Al llegar la noche, en la soledad de su cuarto, imaginaba esa casa apoyada en un árbol de grandes raíces.

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