Posts Tagged "Comunicación"

Enamoradas de la Comunicación

Enamoradas de la Comunicación

 

Somos “cuentistas” y amamos la comunicación: crear mensajes y hacerlos volar.
Por fin hemos hecho tangible nuestro sueño: ya podemos presentaros la nueva web de MILES DE TEXTOS COMUNICACIÓN. Nos hace mucha ilusión invitaros a visitarla: www.milesdetextoscomunicacion.com 

 

Miles de Textos Comunicación

Miles de textos Comunicación es una agencia, gabinete de prensa especializada en belleza, salud, bienestar, fitness y estilo de vida; y también en educación, literatura infantil y crianza.

Aunque son sectores muy diferentes, nos sentimos especialmente cómodas trabajando en ellos. Y también en otros campos como la hostelería, la gastronomía,  la moda…

No conocemos límites!

Creamos mensajes y diseñamos contenidos originales, eficaces y de calidad,  que despiertan, sorprenden y enganchan a quienes los reciben.

púzle de la comunicación web

Comunicamos, diseñamos, difundimos, y nos convertimos en el nexo de unión entre los negocios y los medios.
Asesoramos a nuestros clientes para mejorar su imagen de marca y les ayudamos a llegar donde se propongan.
Gestionamos redes sociales, organizamos presentaciones, ruedas de prensa y todo tipo de eventos.

¿Qué quieres contar? ¡Cuenta con nosotros! 

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Tartamudeo en niños

Tartamudeo en niños

El habla es uno de nuestros más importantes modos de comunicarnos. Por ese motivo, cuando observamos cierto tartamudeo en los niños, o dificultades de expresión, podemos angustiarnos en exceso. Pero no debemos perder de vista que al principio son normales, y en ocasiones frecuentes, las repeticiones de sílabas, palabras o trozos de frases, las interrupciones espasmódicas o bloqueos; y que todas estas señales de una dificultad suelen remitir y desaparecer.

Tartamudeo-www.milesdetextos.com

 

La tartamudez puede debutar cuando los niños están aprendiendo a hablar y es habitual entre los dos y los cinco años. Esto se debe a que son capaces de pensar más rápidamente de lo que están capacitados, físicamente, para expresar esas ideas. Es más que normal que se produzcan  titubeos cuando están nerviosos, cansados, enfadados o, por el contrario, muy contentos y quieren llamar nuestra atención.Usualmente los niños no son conscientes de su tartamudez y puede que no sientan ningún complejo, ni tampoco vergüenza.

Esta es la situación ideal para ayudarles a superar esa dificultad.

 

Nos ayudará en nuestra tarea de reforzar su seguridad en su capacidad de expresión:

-          Utilizar un lenguaje sencillo.

-          Observar los momentos en los que se produce un aumento del tartamudeo para disminuir, en lo posible, las situaciones estresantes. Si sabemos que se ponen nerviosos al convertirse en centro de atención, por ejemplo, evitemos las preguntas directas.

-          Respetar su ritmo y su forma de expresarse, manteniendo los turnos de palabra.

-          Dar importancia al contenido de sus palabras y no prestar excesiva importancia al modo de pronunciarlas.

-          Reconocer que no estamos entendiendo bien lo que nos están contando, o pedir que nos expliquen las cosas de otro modo, cuando sea realmente necesario. Podemos sugerir que nos los expliquen en un tono más bajo, o más despacio. Esta estrategia puede ayudarles a concentrarse mejor.

Es fundamental que entendamos que:

-          No debemos criticar su forma de expresarse, ni ridiculizarles.

-          No les corrijamos, ni les metamos prisa para acabar sus frases.

-          No es útil forzarles a hablar, ni hacerles protagonistas en las conversaciones. No es bueno animarles a contar cosas cuando no quieren hacerlo.

Se consigue mucho más con paciencia, leyéndoles cuentos y buscando momentos especiales para charlar tranquilamente con ellos… que con correcciones o repeticiones.

Hablemos despacio, mirémosles a los ojos cuando nos dirijamos a ellos, demostremos que tienen toda nuestra atención y… ¡armémonos de paciencia! Las disfunciones del habla desaparecerán con mayor facilidad que las huellas que dejan en su autoestima nuestro modo de escucharles y atenderles.

 

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Pierde el miedo a dibujar

Pierde el miedo a dibujar

Si pensamos en ilustración, seguro que hay dibujo que consideramos especial. A mí personalmente me gustan las acuarelas de Isabel Osma. Son geniales, dulces, llenas de color… ¡son como ella!

Me hubiera encantado dibujar así. Pero, aunque no lo haga tan bien… ¿por qué me da tanto miedo dibujar?

Desde pequeños nos enseñan a coger el lápiz, a manejarlo con la técnica de la pinza, a colorear, a practicar los trazos…

 

Pintando. www.milesdetextos.com

El dibujo durante la infancia constituye una pieza fundamental en el desarrollo. Ayuda a los niños a expresarse, a mostrar su percepción del mundo, a descubrir. En definitiva, es una forma más de comunicarse,  aprender y jugar. Y, en mi opinión, ahí está la clave del motivo por el que dejamos de pintar: el dibujo queda relegado a una actividad meramente lúdica, más o menos artística en función de las capacidades de cada uno.

En algún momento de nuestro desarrollo decidimos si somos, o no, buenos para dibujar y dejamos de jugar.

 

El dibujo no sólo es arte y diversión. Es una de las mejores maneras de estructurar un pensamiento, muy útil a la hora de concretar mapas mentales, que estimula la imaginación. Un dibujo nos puede aportar ideas nuevas y nos sitúa obligatoriamente en la perspectiva adecuada para acceder al objeto de nuestro conocimiento.

Como soy disléxica… una vez más defenderé que el lenguaje verbal no es la única forma de comprender, concretar y reflejar el mundo. A veces una imagen expresa una idea de forma más clara, directa y rápida. El lenguaje visual y el lenguaje verbal son complementarios.

Por infinidad de motivos, durante nuestro desarrollo creamos una imagen de lo que somos basada en nuestras experiencias, en nuestros fracasos o éxitos y las opiniones que éstos generan en nuestros padres, profesores o amigos. Nos consideramos buenos para unas cosas y malos para otras sin que ese juicio sea necesariamente objetivo y cierto.

Pintar-www.milesdetextos.com

 

Además… ¿qué importa? ¿quién decide qué dibujo es malo o bueno? ¿cómo dirimir qué expresión concreta mejor un pensamiento?

 

No todo está perdido.

Podemos recuperar la práctica del dibujo y potenciar nuestro lenguaje visual. En muchos momentos de cada día utilizamos recursos gráficos. En mi bolso, por ejemplo, nunca falta un pequeño cuaderno de notas con listas de tareas pendientes, esquemas, pequeños dibujos y subrayados flechas, asteriscos, estrellas, corazones… e incluso hojas repletas de garabatos que he hecho mientras hablo por teléfono sin apenas darme cuenta.

Nuestro objetivo debe ser perder el miedo al lápiz, expresarnos mediante dibujos y ganar la seguridad y confianza necesarias para seguir comunicándonos; utilizar cualquier herramienta a nuestro alcance para facilitar nuestras tareas y desarrollar nuestras capacidades. El lenguaje visual hace a un mensaje mucho más atractivo, más persistente y más comprensible.

mandala para colorear

 

La moda de los cuadernos de pintar para adultos nos parece muy relajante y divertida. Cada vez más adultos se atreven con los colores.

 

Desde aquí os animamos a dar un paso más, a saliros de las líneas. ¡Atreveos a dar rienda suelta a vuestra imaginación, a fiaros de vuestra capacidad para concretar las ideas! Empezad, por ejemplo, dejando mensajes con dibujos a las personas que más queréis. Precisamente por nuestra vergüenza de hacerlo mal, no hay ningún mensaje en papel (excepto la poesía) tan personal y que exprese tanta confianza y cariño.

Y para coger ideas… No dudéis en visitar, de lunes a viernes, la exposición de nuestra ilustradora en la Sala Miguel Hernández del Centro Social de Covivar, Avenida del Deporte s/n en Madrid (Rivas). Allí nos vemos para hablar de dibujo… ¡o de lo que sea!

Exposicion Isabel Osma

Horario de la exposición:

LUNES A JUEVES POR LA TARDE, DE 16 A 21 HORAS

MIÉRCOLES A VIERNES POR LA MAÑANA, DE 9 A 14 HORAS

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Cómo mejorar nuestra comunicación con los adolescentes

Cómo mejorar nuestra comunicación con los adolescentes

No siempre es fácil encontrar la manera de hacernos entender por nuestros hijos cuando llegan a la adolescencia. La mayoría de las veces, antes de empezar a hablar con ellos, tenemos delante a un joven malhumorado y poco interesado en escuchar.

A lo largo de la infancia es probable que, sin darnos cuenta y en más de una ocasión, les hayamos subestimado, desoído su opinión, regañado en público o criticado abiertamente su comportamiento incluso sin suficiente razón, etc., (y todo esto con suerte de no haber actuado de forma que complique aún más nuestra relación con ellos).

Están madurando y pelean por conseguir un trato de igual a igual, pero todavía necesitan nuestra guía y supervisión aunque la forma de ofrecérselas deba ser  diferente.

Hay que partir de este reconocimiento y asumir que, en esta etapa del desarrollo, entenderse suele ser más complicado. Es habitual que identifiquen nuestra autoridad con una demostración de nuestra incapacidad para comprender sus necesidades. Sin embargo, su reivindicación de independencia no puede convertirse en un escollo infranqueable. Una vez reconocida  una dificultad debemos dedicar más atención para superarla con las mejores herramientas.

¿Cómo podemos mejorar la comunicación con nuestros hijos adolescentes?

Cada adolescente es diferente y las formas de comunicaciones son infinitas, por tanto, toda generalización entraña un riesgo.

Estas son sólo unas recomendaciones que pueden facilitar el entendimiento:

-          Prestemos atención al lenguaje no verbal – Tan importantes como las palabras que utilizamos son los mensajes que se esconden en nuestro tono, actitud e intención, a la hora de hablar, para dotarlas de auténtico significado. Debemos ser especialmente cuidadosos con nuestro lenguaje, el verbal y el no verbal, al dirigirnos a un adolescente. Los movimientos de nuestro cuerpo o nuestra actitud son más difíciles de controlar que nuestras palabras pero tan importantes como ellas. Son muchas las cosas que les decimos a los demás sin querer.

Mantened una postura que invite al diálogo.- Hay que procurar ofrecer una actitud serena, una postura cómoda que nos permita tener los músculos relajados. Si nos encogemos o cruzamos los brazos, enviamos mensajes de reserva, cuando no de defensa.

Contacto visual.- A la hora de entablar una conversación, es importante mirar a los ojos y mantener la mirada. Nos ayuda a descubrir si se nos está entendiendo correctamente al mismo tiempo que demostramos nuestro interés al interlocutor.

-          Es útil usar frases cortas para sondear el nivel de atención y comprensión: Por ejemplo: “Sí”, “Ya veo”, “Ah”, etc., así como explorar de vez en cuando si recibimos sus mensajes e inquietudes correctamente: “No sé si te he entendido, ¿te sientes mal porque crees que no me gustan tus amigos?” Las frases cortas no interrumpen y dan a la persona que habla la certeza de estar siendo escuchado con interés.

-          No debemos interrumpirles, aunque creamos que sabemos perfectamente lo que van a decir. Les creará un sentimiento anticipado de incomprensión y les alejará de nosotros. Debemos permitir que nuestros hijos acaben sus razonamientos antes de ofrecer los nuestros (aunque a ellos les será más difícil colaborar no interrumpiendo o utilizar un lenguaje no verbal adecuado).

-           Hemos de conseguir tratar sobre una sola cosa, no traer otras a colación: “Ha suspendido el examen y se ha peleado con su hermana” Las dos cosas se deben hablar, pero no al mismo tiempo.

-          Por el mismo motivo: para no enturbiar y facilitar el entendimiento, nuestras peticiones al respecto han de ser claras “Quiero que estudies esa asignatura todas las tardes al menos hora y media” en vez de “Deberías estudiar más”. Esa expresión clara de lo que se espera de ellos debe ser formulada en primera persona cuando debamos recriminarles algo, expresando nuestro sentimiento y dejando claro lo que esperamos. Sustituiremos “Eres un vago, te estás cargando tu expediente y no eres capaz de poner orden en tus horarios” por “Estoy enfadado, o preocupado, porque no estás prestando suficiente atención a tus calificaciones.  Me gustaría que dedicaras más tiempo a tus estudios. ¿Qué te parece si establecemos un horario que te ayude a estar más centrado?”. Siendo el hecho  aparentemente idéntico, no suena igual una frase que la otra, ni predisponen al mismo estado de ánimo a la persona que las recibe.

-          Es probable que nuestros hijos no tengan la capacidad de elegir sus frases con tanto cuidado, por lo que debemos atender más al fondo de lo que dicen que a como lo hacen y asumir que podemos malinterpretarles. Si tenemos esa duda hemos de preguntarles qué piensan o sienten, y pedirles que nos lo expliquen  de nuevo. Nos serán útiles las preguntas que requieran una respuesta estructurada y no se puedan responder con un  “sí” o un “no” como por ejemplo: “¿Dónde vais a ir?” Muchas veces les ofrecemos en nuestras preguntas la escapatoria para evitar una conversación. No se lo pongamos fácil y procuremos elegir nuestras preguntas entre aquellas que requieren una frase con sujeto verbo y predicado, como por ejemplo “¿Cómo vais hasta allí?”

Si a lo largo de la conversación descubrimos que nos hemos equivocado, y les hemos malinterpretado, debemos disculparnos.

-          Evitemos las generalizaciones. La mayoría de las veces no son ciertas y  proporcionan al adolescente una oportunidad de desviar el objetivo de la conversación refutándolas. Así un “Nunca limpias tu cuarto” se debe sustituir por “No has limpiado el cuarto” porque si decimos “Nunca limpias tu cuarto” terminaremos enfrascados en una discusión en la que saldrán a relucir todos los días que sí lo hizo y terminaremos siendo acusados de exagerados, radicales, o poco observadores.

-          Hay muchas frases hechas que debemos intentar evitar: Es evidente que no debemos utilizar ninguna frase que pueda herirles, como por ejemplo: “Eres un inútil”, pero también hay otras que, aunque de forma menos evidente, pueden dificultar nuestro entendimiento con ellos: “¿Qué esperabas?”; “¿Qué te creías?”; “Cuando yo tenía tu edad…” (sobre todo si la comparación les perjudica); “No es para tanto…” (o cualquier otra frase que trate de quitar importancia a lo que sienten); y, en el extremo contrario, debemos huir de las frases que les lleven a la autocompasión y a los sentimientos de derrota: “Esto es lo peor que te podía haber pasado…”

Tenemos que conseguir que sientan que les respetamos y que para nosotros es tan importante entenderles… como sentirnos entendidos y respetados.

Y todo ello con el imprescindible sentido del humor que es el lubrificante imprescindible para engrasar el mecanismo de la cómplice y buena comunicación. No debemos olvidar que en muchas ocasiones es nuestra reacción desmesurada ante las  dificultades de nuestros hijos la auténtica responsable de su valoración de los problemas. Si  nuestra reacción es exagerada y trágica puede ocasionar un efecto contraproducente sobre su actitud ante las dificultades.

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