Os felicitamos el Día del Padre con una canción

Os felicitamos el Día del Padre con una canción

 

La primera vez que escuché la canción de Robbie Williams, I love my life,  me quedé enganchada de la letra. No sabía la historia de la canción. Se la había compuesto el cantante a sus hijos (Theodora Rose, a la que cariñosamente llama Teddy, y a Charlton Valentine).

En mi opinión, es lo mejor que un padre le puede decir a sus hijos. Si conseguimos cimentar bien su autoestima terminarán diciendo en cualquier momento vital, como la última frase de la canción: estoy justo donde quiero estar.

Hoy es el Día del Padre y nos parece muy inspirador compartirla con vosotros para contagiaros de todo su buen rollo.

¡Feliz Día del padre!

Y para los fans del cantante, enlazo esta versión sin la traducción, porque me gusta mucho ;-) y me pone mucha marcha:

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Personas que inspiran

Personas que inspiran

 

Muchas personas se cruzan en nuestras vidas dejando un recuerdo imborrable que nos ilumina,  nos ofrece recursos o nos hace mejores. La mayoría de las veces ni siquiera son conscientes de lo inspiradoras que fueron.

Hoy os voy a contar una historia que me ayudó a la hora de orientar profesionalmente a mis hijos.

 

Se va acercando la primavera y con ella el momento en que los chavales tienen que hacer sus matrículas para el año que viene o, si son mayores, elegir sus carreras.

Siempre me ha parecido uno de los instantes de la vida en que nos cerramos más puertas. Al elegir un camino, solemos olvidar otros que estaban abiertos y que nos atraían tanto o más que ese. Por poner un ejemplo: decidir que se desea ser ingeniero y posponer, o aparcar, la pasión por el dibujo.

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Cuando mi hijo mayor era niño decía que quería ser músico y médico. Sobre ese recuerdo han caído muchas hojas de calendario porque ahora es un hombre nada interesado en la medicina.

Ayer fue su cumpleaños e hice un repaso de muchos días especiales. Me ha “dado la vida” más veces él a mí que yo a él, sin duda.

Cuando regresé mentalmente a su infancia, recordé especialmente una noche. Me despedía y le pedía que se durmiese.

Me contestó que no podía, que estaba preocupado. Me contó el motivo:

– El tío Guillermo dice que no voy a poder ser músico y médico. Dice que tengo que elegir. Y yo no quiero.

Estaba realmente angustiado. Al parecer la conversación había sido muy larga y nuestro pragmático familiar se había esforzado mucho en convencer a Luis de que debía renunciar a uno de sus dos sueños. Según le explicó: “en la vida había que optar”, “poner todos los huevos en la misma cesta”, “especializarse”…

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Entonces me acordé de una músico que conozco (perdonadme mi elección de no feminizar las carreras, me parece mucho más integrador usar dos sexos en las frases y huyo como de la quema de los “todos/todas” y los “miembros/miembras, jajaja” ;-) ).

Tranquilicé a mi hijo y le pedí que no consintiese que nadie le dijera lo que podía o no podía hacer. Le animé a perseguir todos sus sueños y a luchar con todas sus fuerzas hasta conseguirlos.

Si finalmente no alcanzaba sus metas habría aprendido infinidad de cosas por el camino que, con un poco de suerte, le orientarían de modos aún más provechosos. Decidí contarle una historia de una persona que había sido muy inspiradora para mí. Sé su nombre y podría dároslo, pero no me decido a hacerlo, lo mismo no le gusta. Por si acaso, os contaré solo que estudiaba una carrera universitaria de ciencias al mismo tiempo que hacía su carrera de música. Obviamente esto suponía un esfuerzo económico y personal muy grande.

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El día que la conocí, de forma fugaz, me contó que para ahorrarse desplazamientos aprovechaba cualquier momento para tocar y estudiar. Empezó a ensayar y estudiar en los ratos libres, estuviese donde estuviese. Llegó el día en que tocó por primera vez en la calle, tras tomar un café en una terraza. Para su sorpresa los viandantes se detenían, se quedaban a escucharla y le dejaban algo de dinero sobre la mesa. No iba a explicarles que ella no era una músico de la calle, que simplemente estaba estudiando porque tenía que rentabilizar su tiempo.

Cuando vio que aquello se repetía al día siguiente, empezó a plantearse seriamente la posibilidad de ofrecer  esos conciertos/estudio “de forma profesional”. En sus tiempos entre clases se decidió a montar esos ratos de ensayo vestida de largo e interpretando las piezas de principio a fin, como en un concierto.

Con el paso de los días, la gente acudía a las terrazas cercanas a las horas en que estaría tocando y asistía a sus extraños espectáculos de calle. El ayuntamiento terminó por regularizar su actividad otorgándole un permiso específico.

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Ni que decir tiene que terminó sus dos carreras. Además se hizo empresaria. Con el dinero que sacaba grabó su primer disco que también vendía en la calle y montó un grupo que en la actualidad da conciertos por el mundo.

– Seguro que mucha gente le dijo que no podría conseguirlo. Ella simplemente no les creyó –le aseguré a mi hijo.

Ahora Luis estudia Derecho en la Carlos III y Clave en el Conservatorio Superior de Madrid. Compagina sus dos carreras y no sé aún qué camino elegirá el día de mañana. Esa músico de la que os hablo no sabe la ayuda que me prestó aquella noche, la de veces que me acuerdo de ella. No sabe ni mi nombre.

Me gusta pensar que cuando recordamos así a alguien eso del Karma, que no sé muy bien qué es, le concede algún rédito y les “acumula puntos”. ¿Qué opináis vosotros?

Yo, desde este blog, le rindo un homenaje hoy y le doy las gracias. A ella… y a todas esas personas inspiradoras con las que comparto los días.

Obviamente, los que leáis este post, y conozcáis la historia, o a la músico de la que hablo, ya sabéis que su instrumento no es el violín ;-)

 

 

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Celos entre hermanos

Celos entre hermanos

 

Podemos considerar los celos como una respuesta emocional que surge cuando una persona percibe una amenaza hacia un afecto que considera como propio. Y esa emoción-amenaza puede resultar una bomba de relojería cuando un niño descubre que va a tener que compartir a sus papás, su entorno… con otra personita que está en camino.

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¿Cómo podemos actuar para que los celos entre hermanos sean más llevaderos?

Si asumimos que los celos cuando va a nacer un bebé son absolutamente normales, podemos gestionar este tema desde una perspectiva racional, con prevención y anticipación.

Como primer paso resulta importante que sean los propios padres quienes comuniquen al niño que va a tener un hermanito y que lo hagan de forma directa y tranquila, proporcionando al niño cuanta información demande.

Debemos hacerle partícipe de los preparativos durante el embarazo, la elección del nombre o de la ropita que compremos. Podemos fomentar la interacción “a través de la barriguita de mamá” pidiéndole que hable con el bebé, que le cante o le cuente algún secreto. Estos acercamientos pueden resultar de gran ayuda para que los hermanos se vayan “conociendo”.

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Debemos hacer hincapié en el concepto de la familia, recalcar que tenemos amor de sobra para todos sus miembros y  descubrirles las ventajas de convertirse en el hermano mayor.

El momento del nacimiento puede ser clave. Es importante en la medida de lo posible, y de las circunstancias de cada uno, que en el período de ingreso hospitalario de la madre no se “destierre” al niño a otro lugar. Si no tenemos en cuenta este pequeño detalle, y al regresar a casa su nuevo hermano ya está instalado, podemos estar confirmando sus temores infantiles de que su posición le ha sido arrebatada.

Por otro lado, cuando un niño imagina la situación ideal de recibir un nuevo hermano no piensa en un bebé recién nacido. Hemos de advertirles de que un bebé es un ser muy pequeñito que sólo come y duerme, que no sabe jugar a nada y al que hay que cuidar mucho. En resumen… que un bebé es “un poco rollo”.

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Es fundamental sacar pequeños ratitos de tiempo para el hermano mayor en exclusiva: realizar actividades y juegos que el pequeño no puede hacer, como jugar al futbol o hacer un puzle, y hacerles ver cuánto nos gusta estar con ellos y lo bien que lo pasamos.

Algunos niños se muestran agresivos con sus hermanos pequeños (arañazos, golpes o algún mordisco), en estos casos debemos ser firmes con las prohibiciones que les marquemos pero tratando de explicarle los motivos con mucho tacto y una gran dosis de comprensión y cariño. Pongamos nombre a las emociones que descubrimos.

Celos entre hermanos

Es conveniente que esta situación “de cambio” para los niños no se solape con otras (mudanzas, cambios de escuela…).

En ocasiones podemos encontrarnos con que se produce un ligero retroceso en el ritmo de aprendizaje del niño (vuelve a hacerse pis en la cama o quiere que se le preparen, también a él, papillas y biberones…)  Ante estas situaciones temporales debemos actuar con normalidad y ser permisivos, como si de un juego de rol se tratase.

Hagámosles partícipes en las tareas de cuidado del bebé, agradeciendo su ayuda y su capacidad para prestárnosla. Contemos con ellos, incluso para quejarnos cuando estemos cansados.

–        Hoy tu hermano no durmió bien y estoy agotada. Menos mal que te tengo a ti que te estás portando tan bien. ¿Colocamos, entre los dos, su ropa? ¿Me ayudas?

Conseguir que se sientan útiles y necesarios es un modo sencillo de demostrarles que los queremos y cuánto valoramos su cariño y ayuda. Lo entenderán como una forma de “blindar” su espacio e individualidad en nuestro corazón.

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Mamá, ¿te quieres casar conmigo?

Mamá, ¿te quieres casar conmigo?

Esta mañana, camino del colegio, Javi me ha hecho un par de preguntas que me han dejado loca ;-)

Íbamos de la mano. Nos aproximábamos a la puerta del cole:

-          Mami, ¿nos casamos? –me preguntó sin venir a cuento.

-          ¿Tú y yo? –contesté noqueada.

-          Sí –me dijo convencidísimo.

-          Verás… Las mamás no se casan con sus hijos, ¿sabes? –Intenté salir como pude de aquella.

-          ¿Y con Hugo? ¿Puedo casarme con Hugo?

-          Pues… Si quieres… Si quisieras hacer eso, podrías casarte con Hugo –Estaba perpleja–. Pero lo más habitual es casarse con una niña. Luego así, ella será una mamá y tú un papá.

 

Que inspiradora esta imagen de www.viaboda.com

Que inspiradora esta imagen de www.viaboda.com

Aquella respuesta puso fin a su curiosidad. Su interés había desaparecido de pronto.Como si la conversación que tanto me había sorprendido no hubiese existido nunca, cambió bruscamente de tema:

-          ¡Cuántos coches!

Y con esa frase me dio el tema por zanjado.

La mayoría de las veces que nuestros hijos nos preguntan algo, contestamos sin entender bien qué esconde realmente su pregunta. Cuando llegué a casa, estuve dándole vueltas a por qué me habría preguntado aquello y qué significaba.

 

Me he tenido que sacudir todos mis prejuicios de adulta para comprender que mi hijo me estaba preguntando sobre el amor. Los niños nos piden ayuda constantemente para entender sus sentimientos, para poner etiquetas a lo que sienten. Si, por ejemplo, cuando están enfadaos les reconocemos el sentimiento, les estamos ayudando. Con nuestra frase “Comprendo que estás enfadado, Javi, pero no se puede pegar patadas a los juguetes” les ayudamos a entender sus emociones y ese es el primer paso para manejarlas y controlarlas.

Poco a poco tengo que ir ayudándole a entender lo que siente y, también, las miles de formas distintas que adopta el amor y sus expresiones: el amor propio (aprender a aceptarse y cuidarse), el amor altruista hacia los demás, el amor filial (ese amor que sintió al caminar de mi mano) y el fraternal (hacia sus abuelos, sus primitos…) pero también sobre la amistad y el amor de pareja. Aún está lejos el día en que tenga que explicarle este último y hablarle de los amores platónicos, los sexuales, o de las tristezas que provocan los amores no correspondidos ;-)

De momento, voy a apuntar en mi calendario particular de recuerdos imborrables el día de hoy: El día que Javi reconoció el amor como un sentimiento muy grande que merecía un compromiso… ¡de boda!

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Tartamudeo en niños

Tartamudeo en niños

El habla es uno de nuestros más importantes modos de comunicarnos. Por ese motivo, cuando observamos cierto tartamudeo en los niños, o dificultades de expresión, podemos angustiarnos en exceso. Pero no debemos perder de vista que al principio son normales, y en ocasiones frecuentes, las repeticiones de sílabas, palabras o trozos de frases, las interrupciones espasmódicas o bloqueos; y que todas estas señales de una dificultad suelen remitir y desaparecer.

Tartamudeo-www.milesdetextos.com

 

La tartamudez puede debutar cuando los niños están aprendiendo a hablar y es habitual entre los dos y los cinco años. Esto se debe a que son capaces de pensar más rápidamente de lo que están capacitados, físicamente, para expresar esas ideas. Es más que normal que se produzcan  titubeos cuando están nerviosos, cansados, enfadados o, por el contrario, muy contentos y quieren llamar nuestra atención.Usualmente los niños no son conscientes de su tartamudez y puede que no sientan ningún complejo, ni tampoco vergüenza.

Esta es la situación ideal para ayudarles a superar esa dificultad.

 

Nos ayudará en nuestra tarea de reforzar su seguridad en su capacidad de expresión:

-          Utilizar un lenguaje sencillo.

-          Observar los momentos en los que se produce un aumento del tartamudeo para disminuir, en lo posible, las situaciones estresantes. Si sabemos que se ponen nerviosos al convertirse en centro de atención, por ejemplo, evitemos las preguntas directas.

-          Respetar su ritmo y su forma de expresarse, manteniendo los turnos de palabra.

-          Dar importancia al contenido de sus palabras y no prestar excesiva importancia al modo de pronunciarlas.

-          Reconocer que no estamos entendiendo bien lo que nos están contando, o pedir que nos expliquen las cosas de otro modo, cuando sea realmente necesario. Podemos sugerir que nos los expliquen en un tono más bajo, o más despacio. Esta estrategia puede ayudarles a concentrarse mejor.

Es fundamental que entendamos que:

-          No debemos criticar su forma de expresarse, ni ridiculizarles.

-          No les corrijamos, ni les metamos prisa para acabar sus frases.

-          No es útil forzarles a hablar, ni hacerles protagonistas en las conversaciones. No es bueno animarles a contar cosas cuando no quieren hacerlo.

Se consigue mucho más con paciencia, leyéndoles cuentos y buscando momentos especiales para charlar tranquilamente con ellos… que con correcciones o repeticiones.

Hablemos despacio, mirémosles a los ojos cuando nos dirijamos a ellos, demostremos que tienen toda nuestra atención y… ¡armémonos de paciencia! Las disfunciones del habla desaparecerán con mayor facilidad que las huellas que dejan en su autoestima nuestro modo de escucharles y atenderles.

 

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Niños y teléfonos móviles

Niños y teléfonos móviles

 

Antes los niños venían con un pan debajo del brazo y tal vez llegue el día en que nazcan con un teléfono móvil.

De momento, y hasta que eso suceda, nos piden que les regalemos uno cuando todavía nos parecen demasiado pequeños para usarlo.

 

 

Nos resistimos, peleamos… y terminamos cediendo ante sus súplicas para que puedan pertenecer a ese grupo de “elegidos” que disfrutan de una tecnología que nos parece inadecuada a determinadas edades. Nos convencemos de que el invento nos aportará otras ventajas como, por ejemplo, la tranquilidad de poder localizarles en cualquier momento; aún a sabiendas de que nos acarreará también muchos quebraderos de cabeza.

 

niños y movil

 

Mis hijos ya son mayores y siempre han hecho un uso responsable de los móviles. Ni facturas descontroladas, ni sobresaltos (si exceptuamos, claro, la sorpresa de sacar un móvil muy limpio de la lavadora).

A la hora de permitir que mis hijos asuman una nueva responsabilidad, trato de no dar más libertad de la que pueden manejar son seguridad y se la ofrezco poco a poco, según voy constatando que efectivamente estaban preparados para manejarla. Tenemos que tener en cuenta que si ponemos a su disposición un móvil en el que no hay un límite de gasto… es más probable que nos llevemos un disgusto que si trabamos su consumo en nuestro contrato con la compañía para ir concediéndoles paulatinamente más autonomía.

Por eso, tal vez estaría bien que, cuando comprásemos el primer móvil para un niño, le explicásemos y mantuviésemos un decálogo de uso similar a este. Yo sinceramente no lo utilicé, ni lo uso ahora, y me peleo para que suelten los móviles a la hora de comer.

Teléfono movil.  www-milesdetextos.com

1.- El teléfono es mío, te lo dejo. Serás responsable con el consumo. Si se pierde, o estropea, te ocuparás de los costes de sustitución o reparación. Si llegase el caso, ya decidiremos cómo puedes hacerlo.

2.- Conoceré siempre la contraseña.  Por supuesto, no la utilizaré sin hablarlo antes contigo. Igual que puedo entrar en tu cuarto cuando quiero y siempre llamo a la puerta antes de hacerlo.

3.- El teléfono tiene horario. Permanecerá apagado desde las 8: 30 de la tarde hasta las 8:30 del día siguiente. Si alguien quiere algo de ti fuera de ese horario deberá llamar al teléfono fijo de casa.

4.- No lo llevarás al colegio y pactaremos su uso en el caso de excursiones o actividades extraescolares.

5.- Serás responsable con la tecnología. No dirás algo que no te atreverías a decir cara a cara, ni compartirás con tus amigos lo que no verías en presencia de sus padres. Atenderás tus llamadas y mensajes con educación. Nada de insultos bajo ningún concepto.

6.- Lo apagarás, o silenciarás, cuando estés con alguien que requiera tu atención.

7.- Tendrás cuidado con los vídeos y las fotos. Cuantas menos imágenes tuyas haya en la Red, más seguro estarás. Vivir la vida, y disfrutarla, es mucho más importante que conseguir una buena foto.

8.- Buscarás solamente la información que compartirías abiertamente conmigo. No entrarás en ninguna página que no verías estando a mi lado.

9.- Tratarás de descubrir la magia de la desconexión, de que nadie sepa dónde fuiste o qué hiciste. Comprendo la importancia de pertenecer a un grupo y de tener amigos pero aprende a valorar tu privacidad. Siempre es más atractivo lo que no se conoce del todo. Date a valer, guarda lo mejor para ti y no dudes en decírselo a todos los que te pregunten por qué no compartiste fotos de tu fin de semana.

10.- Utilizarás Internet para ampliar tus horizontes y tus conocimientos. Trata de convertir la tecnología en tu aliada, que te sirva para acercar todo aquello que sea interesante: lecturas, música juegos…

Lo he llamado el decálogo utópico porque, con sinceridad, ¿no os costaría a vosotros seguir estas normas? ;-)  ¡A mí sí!!!!! Utilizo el móvil a horas inadecuadas, no siempre desconecto cuando debo… En fin, estoy muy, muy, lejos del ideal.

¡Suerte a todos en la dura tarea de poner puertas al campo!

 

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